21/06/2008 - CO-PRODUZIONE con la Cìmbalo di Madrid

L'Accademia di Belle Arti SantaGiulia di Brescia, in co-produzione con la Címbalo Producciones di Madrid partecipa alla XV edizione del Festival Música Antigua Aranjuez con l'Operetta Clementina di Luigi Boccherini, libretto di Ramon de la Cruz che sarà messa in scena dalla Compañía Teatro del Príncipe a Madrid il 21 e il 22 giugno 2008.

Firmano le scenografie e i costumi, rispettivamente, Veronica Bosis e Liuba Dergunova, entrambe studentesse del Biennio Specialistico della Scuola di Scenografia dell'Accademia SantaGiulia, vincitrici del concorso con borsa di studio interno all'Accademia. Direzione scenica ed artistica di Ignacio Garcia, docente di Regia presso l’Accademia SantaGiulia.

Visiona resoconto iconografico:
http://www.accademiasantagiulia.it/mostra.asp?idm=40

Maggiori notizie sull'evento al sito:
http://www.musicaantiguaaranjuez.net/0810.htm

 

COMPAÑÍA TEATRO DEL PRÍNCIPE. CLEMENTINA
Zarzuela.
Música: Luigi Boccherini,
Libreto: Ramón de la Cruz
Dirección musical: Pablo Heras-Casado
Dirección escénica y dramaturgia: Ignacio García
Dirección artística y edición musical: Juan Pablo Fernández-Cortés
Ayudante de dirección: Zulima Memba
Diseño de Escenografía: Verónica Bosis.
Accademia di Belle Arti Santa Giulia (Brescia-Italia)
Diseño de Vestuario: Liuba Dergunova.
Accademia di Belle Arti Santa Giulia (Brescia-Italia)
Producción: Festival Música Antigua de Aranjuez.
en colaboración con la Accademia di Belle Arti Santa Giulia (Brescia-Italia)                      

Patio de Caballos de Palacio

Horario: 20:00 h.

Precio: 20:00 €

                                                                                                         
EN TORNO A LA “RECUPERACIÓN” DE CLEMENTINA

La zarzuela o comedia con música en dos actos Clementina con libreto de Ramón de la Cruz y música de Luigi Boccherini continúa siendo una obra prácticamente desconocida para el público español. Aunque en Italia se ha representado – en una adaptación al italiano con recitativos- en varias ocasiones a lo largo de las últimas décadas, la versión original de la obra con el texto en castellano, no ha vuelto a los escenarios españoles tras su reestreno en el Festival de Otoño de Madrid en 1985.
Nuestro proyecto tiene como objetivo recuperar la esencia primigenia de esta zarzuela, con una dinámica propuesta que se fundamenta musicalmente en la realización de una nueva edición basada en los originales musicales que se conservan en Madrid y Berlín, y presentando por primera, una interpretación con instrumentos y criterios musicales historicistas. La producción se grabará en CD para el sello “Música Antigua de Aranjuez”.                              


ARGUMENTO

Don Clemente es un acaudalado caballero viudo que reside en Madrid junto a sus dos hijas casaderas: Clementina, dulce y sumisa, y Narcisa, traviesa y juguetona. Ambas viven tuteladas por su aya, doña Damiana, y entretienen gran parte de su tiempo con las lecciones de música de don Lázaro. El marqués de la Ballesta, rústico noble, quiere desposarse con alguna de las dos muchachas. Clementina se incomoda por las pretensiones del marqués, pues ella está enamorada de don Urbano, un caballero portugués de paso en la Corte, y que también se siente atraído por Clementina. Mientras tanto, el maestro de música, don Lázaro, se entretiene cortejando a la criada Cristeta. Pero don Clemente no accede a conceder la mano de Clementina a ninguno de los dos pretendientes y ante la tensa situación creada, se ve obligado a revelar a Clementina que ella no es hija suya, sino que fue acogida de niña en su casa tras haber fallecido su madre después de ser asaltada por unos bandidos. Al oír la historia de cómo encontraron a Clementina, don Urbano se percata de que se trata de su propia hermana que él creía muerta, renuncia entonces a su amor por ella y decide de inmediato pedir la mano de Narcisa. La nueva situación le permite al marqués pedir de nuevo la mano de Clementina y, para redondear un final feliz y pedagógico a la comedia, don Lázaro se desposará con Cristeta.                               


LA ZARZUELA CLEMENTINA DE RAMÓN DE LA CRUZ Y LUIGI BOCCHERINI: UN DIVERTIMENTO DE SALÓN

Compuesta y estrenada a finales de 1786, la zarzuela o comedia con música Clementina, es quizá uno de los ejemplos más conocidos, pero menos divulgados, de la importante labor que los miembros de la alta nobleza española tuvieron en la producción, promoción y difusión del teatro musical en España durante el siglo XVIII. La obra nació como resultado del encargo personal efectuado por María Faustina Téllez-Girón, condesa-duquesa viuda de Benavente, a dos de sus colaboradores más cercanos: el dramaturgo Ramón de la Cruz, uno de los muchos protegidos por la Casa de Benavente vinculados al mundo teatral, y el músico Luigi Boccherini que, desde marzo de ese mismo año, ocupaba el cargo de compositor y director musical de la formación instrumental que mantenía su hija María Josefa Alonso Pimentel, la famosa condesa de Benavente retratada por Francisco de Goya. Destinada a las funciones teatrales que organizaba la condesa María Faustina en su residencia para lo más selecto de la sociedad madrileña, la composición de Clementina nació condicionada y limitada por las normas que dictó la promotora de la obra. La condesa-duquesa viuda de Benavente impuso el número de personajes y seleccionó a sus intérpretes “entre su familia y sus talentos y genios diversos”, es decir, entre los miembros de su corte nobiliaria y su tertulia, según aclaró el propio Ramón de la Cruz en la introducción de la edición del libreto.
Estrechamente relacionadas con los patrocinadores y su público privilegiado, las obras dramáticas compuestas para los salones nobles, como Clementina, se enmarcaban en un espacio de sociabillidad encaminado a la ostentación de poder y a la promoción de una determinada imagen externa del promotor y de su círculo privado. La expresión directa de los sentimientos y los deseos, la búsqueda de nuevos patrones de relación personal y el anhelo por conseguir una mejora social, que se refleja en los argumentos de muchas de estas obras, están íntimamente relacionados con el protagonismo que adquirieron las mujeres en los espacios sociales de la nobleza y la alta burguesía, especialmente a partir de la segunda mitad del siglos XVIII.
Por su propio contexto creativo y las circunstancias de su estreno, Clementina se ubica, por tanto, dentro del teatro de salón dieciochesco, un subgénero o tipología híbrida que respondía a unos códigos temáticos y sociológicos compartidos mayoritariamente por el público que asistía a ese tipo de funciones y que, en ocasiones se alejaban de los más paradigmáticos del teatro de la época, circunstancia que fue aprovechada habitualmente por los dramaturgos y compositores para realizar obras con un cierto grado de experimentación artística.
Equilibrada en la estructura y circunscrita al corsé neoaristotélico de las unidades de acción tiempo y lugar, Clementina muestra una hábil fusión entre los géneros bufo y serio, ilustrativa de lo ineficaz que resulta la excesiva compartimentación que, con frecuencia, se ha aplicado al análisis del teatro musical ilustrado. Detrás del aparente folletín escénico, íntimamente relacionado con la comedia sentimental europea del siglo XVIII, pueden apreciarse características del teatro musical más avanzado, en perfecta sintonía con el realizado en el resto de Europa. La simetría de los dos actos y el equilibrio en la presencia de los personajes en escena y en sus intervenciones musicales, son un fiel reflejo del sincretismo que se desarrolló en el teatro musical español durante la segunda mitad del siglo XVIII, gracias a la asimilación de rasgos procedentes de los drammi giocosi, lo que, entre otras cosas, propició el desarrollo de la nueva zarzuela costumbrista, un proceso en el que Ramón de la Cruz jugó un papel fundamental desde el principio de su carrera. Asimismo, la dificultad para pasar de las escenas habladas a los números musicales y la necesidad de transmitir una sensación de verosimilitud, hechos habitualmente reprobados en el teatro musical español, son resueltos hábilmente por Ramón de la Cruz gracias a una planificada acción dramática en la cual la música está siempre presente, bien a través de la interpretación de piezas musicales por parte de los personajes o de referencias continuas a ella. De este modo, la figura de don Lázaro, un maestro de música tópico de la ópera bufa, se convierte además en un interesante recurso que facilita la imbricación entre música y acción teatral. La credibilidad de este divertido personaje se potenció además en su estreno, con un gesto metateatral, ya que Ramón de la Cruz escribió dicho papel para Pedro Garisuain, músico de la Real Capilla y miembro de la agrupación instrumental de la Casa de Benavente.
La combinación de géneros diversos en un mismo espectáculo, habitual en el teatro en español de todo el siglo XVIII, fue también una norma habitual en las funciones que se realizaban en los salones privados de la nobleza. Como ha sido documentado recientemente, en las representaciones de Clementina que tuvieron lugar en el palacio de la condesa-duquesa viuda de Benavente, el entreacto (que en la ficción se supone destinado al almuerzo) se amenizó con la interpretación de una tonadilla, género popular habitualmente vilipendiado por los teóricos neoclásicos.
Los rasgos de hibridación y experimentación dramática que se aprecian en Clementina, tienen una correspondencia directa en el terreno musical. Los distintos modos de expresión sentimental que requiere el argumento facilitan la simbiosis y fusión entre los géneros. El estilo ligero, cómico y provocativo, íntimamente relacionado con la ópera bufa, en el que desarrollan su discurso vocal Narcisa, Cristeta, el aya doña Damiana y , sobre todo, el maestro de música don Lázaro, convive con el estilo serio y reflexivo, con sus códigos musicales de significación introspectiva y virtuosismo, de don Urbano, personaje refinado de exacerbado sentimentalismo, y en menor medida de Clementina, si bien en esta última se explotan de forma más limitada los recursos vocales, ya que el papel fue escrito para una interprete no profesional.
Clementina es, por consiguiente, una muestra de la convivencia estilística y la hibridación que refleja la compleja realidad de mestizaje presente en gran parte del teatro musical español ilustrado, aspecto apenas atendido hasta la fecha por la investigación y que, al margen de preceptos estilísticos y de ideas preconcebidas sobre el teatro dieciochesco, adquiere una especial significación a la hora de valorar esta interesante zarzuela que nos acerca a un conocimiento más amplio, pero más complejo, sobre la realidad cultural y social española de las últimas décadas del siglo XVIII.                               

Juan Pablo Fernández-Cortés                              


UNA APROXIMACIÓN ESCÉNICA A CLEMENTINA

A caballo entre el folletín dieciochesco y la comedia lacrimosa, Clementina es una zarzuela en dos actos que expone de un modo absolutamente prototípico de la comedia neoclásica (con elementos dramáticos) un cuadro de costumbres de un sector noble de la sociedad española de los últimos años del reinado de Carlos III.
Las ceremonias vacuas y absolutamente convencionales, ya sea el paseo, el bordado, la lección de música, el café, la copa o el baile son los motores de esa clase social cuya vida se basa en la exhibición de esos detalles y en la comparación entre las diferentes casas nobles.
Entre ellos se divierten, se seducen, se engañan y se entretienen, se aman y se odian, estableciendo siempre la clara barrera entre los privilegios que a ellos corresponden y el resto de los mortales, puestos en el mundo para permitirles continuar con ese complejo ceremonial.
Una sociedad basada, por tanto, en la cuna y el apellido, en la estirpe y la herencia, vive una cierta obsesión por la identidad social, más que por la identidad personal o emocional que después reivindicará el romanticismo, que se refleja en todo el segundo acto de la zarzuela y en sus idas y venidas de la carta al libro memorial y a los diferentes documentos que pueden dar testimonio de la condición de uno de los personajes, Clementina, ya que de ello dependen sus expectativas personales, emocionales y, sin duda, sociales.
¿De qué sirven, por tanto, los méritos personales, en una sociedad en la que la sangre y su alcurnia condicionan de un modo tan determinante las perspectivas vitales de un ser humano? ¿Dónde queda la capacidad del ser humano de crear su propio camino y dirigir su destino en uno u otro sentido si al final la razón definitiva será una partida de nacimiento o un apellido reconocido?
Ante la ausencia de respuestas para estas preguntas los personajes se refugian en esas ceremonias estériles y en esos divertimentos que pretenden un placer inocuo y, sobre todo, que nada cambie en el estado de las cosas que permite a algunos seguir viviendo en su mundo de rituales y privilegios.
Un espacio vacío con referencia nobiliaria (un palacio como el de Aranjuez), y algunos elementos de escenografía que permitan el desarrollo del café, el bordado, la lección de música, etc. serán el área de juego de los personajes. Estos, vestidos a la moda de la década de 1780, tratarán de demostrar constantemente quiénes son, a través de su imagen, su manera de hablar, de cantar, de moverse, de actuar en el cortejo, la conversación o el café, para no sufrir un menoscabo en sus libertades, como sufrirá Clementina en el segundo acto, al peligrar su condición noble y con ello su matrimonio y sus supuesta felicidad.
Documentos, libros y testimonios repartidos por el espacio servirán para acreditar aquello que los usos sociales y domésticos pueden poner en entredicho. Todos justifican lo que son y lo exhiben, todos viven realmente una comedia de las apariencias, que no es otra cosa que la comedia de las equivocaciones de un tiempo que empezaba a peligrar en toda Europa, aunque más de un par de siglos más tarde podemos reconocer en muchos lugares.

Ignacio García           


Fonte: Accademia SantaGiulia
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